sábado, 28 de febrero de 2009

La mano abierta para cerrar el puño

Vanessa del Cristo
Realmente es tan difícil que se pongan de acuerdo los políticos para ayudar al pueblo? Parece una pregunta tonta, sin sentido en los tiempos que corren. Sin embargo, creo que sigue en el aire porque no nos la planteamos con suficiente frecuencia.

A mí me da igual quién tuvo la idea de comprar La Favorita por 12,3 millones de euros, a pesar de que no sea apta para trabajar en ella. Y también me da igual lo bonita que pueda llegar a quedar la alfombra de 36.000 euros que han comprado para las Casas Consistoriales de la capital.

A mí, como a la mayoría de los ciudadanos, lo que me preocupa es que me den la ayuda de alquiler, que no me suban el agua y el bono de la guagua en plena crisis económica, que los indigentes que pueblan nuestras calles tengan un sitio donde comer caliente y, a ser posible, que la situación financiera que otros han creado no acabe convirtiéndome a mí misma o a tantos ciudadanos en indigentes.

Tiene razón Felipe Afonso en insistir, recalcar y recordar la cifra: 70 personas al día han ido al paro durante el mes de enero en esta ciudad. Eso es lo que nos preocupa a todos.

Y no me vale que los nuevos gobernantes se excusen en que los de antes lo hicieron mal para decirme que ahora no pueden ayudarme. No nos vale a ninguno, porque las urnas ya les dieron la razón en eso de que los anteriores lo hicieron mal. Les dieron la razón y los colocaron en el sillón consistorial para que hicieran algo.

Y puede decir Rodolfo Espino que no le cuadran las cuentas. Puede decir González Dumpiérrez que Guaguas se hunde. Puede que sea cierto que el Ayuntamiento esté al borde de la bancarrota. No lo dudo. Pero si así es, pueden los concejales hacerse una idea de cómo está la economía de las familias de esta ciudad.

Si el Ayuntamiento está en crisis, si lo está el Estado, el mundo entero, mucho más lo están las familias, los ciudadanos de a pie que poco o nada han tenido que ver con los motivos que han conducido a esta situación.

Por lo tanto, que no nos vengan con más excusas. Ya está bien de abrirse la mano los unos a los otros para supuestas colaboraciones, que luego se traducen en cerrar el puño para no soltar un euro. Si no se puede bajar la presión fiscal, ni se pueden conceder más ayudas sociales, si no se pueden bajar los precios de los servicios públicos, ¿qué es lo que la administración va a hacer realmente para ayudar a los ciudadanos?

Y no, señor Espino, no tienen los ciudadanos por qué entender cuantas deudas urbanísticas le llegarán este año al Ayuntamiento. Ni tienen tampoco por qué pagarlas. Busquen soluciones, otras soluciones que realmente favorezcan a la gente. Porque para eso se les puso donde están y no para seguir eludiendo responsabilidades en los errores ajenos.

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