
El Partido Popular se frota las manos en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Pronto harán dos años de las últimas elecciones locales y ya hay convocada huelga general de los trabajadores públicos, Guaguas va camino del desastre, Emalsa se encuentra en un callejón sin salida y, lo que es peor para la gobernabilidad de la ciudad y mejor para el PP, en los despachos del poder municipal todo son conspiraciones y confabulaciones de concejales que, en lugar de resolver problemas ciudadanos, sólo tienen tiempo y ganas para poner la zancadilla a sus compañeros.
Jerónimo Saavedra lo sabe a la perfección. Quizás por eso siempre que puede se va unos días fuera de la ciudad, para olvidar. Lo malo es que en sus ausencias -que son demasiadas- el resto sigue a lo suyo, esto es, la guerrilla fratricida, y la ciudad es víctima de esa marrullería de niños malcriados que se ha adueñado de las oficinas municipales. El deterioro es de tal calibre que el secretario general de los socialistas canarios, Juan Fernando López Aguilar, no tiene reparo alguno, cuando se le pregunta por qué Saavedra no está en la ejecutiva regional, en contestar que el alcalde bastante tiene con la ciudad, que es una manera bastante elegante pero al tiempo malévola de decir lo siguiente: «Que se ponga a trabajar, que ya es hora». Y tres cuartos de lo mismo cabe decir del Cabildo de Gran Canaria, donde algunos consejeros han tirado la toalla cuando se les pide que echen una mano a sus compañeros de partido en el Ayuntamiento: «Es que allí es imposible sacar nada adelante», contestan en el equipo de José Miguel Pérez.
Los sindicatos municipales, que tienen a dirigentes con oficio y colmillos retorcidos a base de ver desfilar muchos concejales en varios trienios, se han plantado ante tal desgobierno. Uno entiende que el ciudadano no comparta los avisos de huelga de quienes son funcionarios, y menos aún cuando la economía está como está, pero cuando se escucha a esos líderes del personal municipal, la conclusión es clara: dan un paso al frente ante el desbarajuste del grupo gobernante. Y lo que es más grave: una parte de ese grupo gobernante alienta, comparte y se divierte con la revuelta de los trabajadores.
No nos extrañemos, por tanto, que en breve terminen sacando en procesión a Pepa Luzardo, con Felipe Afonso bajo palio y Ángel Sabroso repartiendo incienso. Otra cosa es que el Partido Popular, este PP, sea la alternativa al grupo gobernante o que sea recomendable abordar ahora una renovación de los populares de cara a 2011, pero mientras ese debate se abre poco a poco, lo cierto es que la marca del PSOE se deteriora a pasos agigantados en la ciudad. Por eso están preocupados en el Cabildo y en la ejecutiva regional: porque si no se gana en la ciudad, difícilmente se puede asegurar la gobernabilidad en el Cabildo y menos aún aspirar a superar los 26 diputados regionales de 2009.
No hay comentarios:
Publicar un comentario