El edificio donde se alojó Agatha Christie sigue dando argumentos para una novela siete décadas después. El viejo Metropole, hoy transformado en la sede administrativa del Ayuntamiento, mantiene en aquellos pasillos el mismo ambiente de desasosiego que la escritora británica imprimió a sus novelas.
Si Miss Marple tuvo que hacer frente a sus Trece problemas, ahora Jerónimo Saavedra debe afrontar una lista bastante mayor de contratiempos, no sólo externos, sino también internos, que empiezan a sembrar la semilla de la decepción, como reconocen muchos concejales en el ámbito privado, y algunos otros en el público.
Los políticos más veteranos en el Partido Socialista temen pasar a la historia como los concejales que desaprovecharon la oportunidad de sepultar los doce años ininterrumpidos de mandatos del PP. Y ese miedo empieza a atenazarlos, una vez vistos las insondables diferencias que les separan como grupo y que, en ocasiones, zancadillean la misma acción de gobierno.
Mucho hay de herencia. Es cierto que hay problemas heredados como el agujero de Guaguas Municipales o el aluvión de sentencias desfavorables que lastran las arcas municipales, pero es el tiempo de la gestión y la imagen que se transmite es la de un Ayuntamiento con las manos atadas, a la deriva de los acontecimientos. problemas económicos. El annus horribilis ha sido el escenario así de enfrentamientos con distintos protagonistas. El año echó a andar mal, con unos presupuestos mal hechos por parte del área de Hacienda que dirige Rodolfo Espino, no sólo por el incumplimiento de la Ley de Vivienda de Canarias y de la Ley de Ordenación del Territorio de Canarias y de Espacios Naturales de Canarias, que obligó a retrasar dos meses la aprobación de las cuentas; sino también, porque ha sido incapaz de aprobar un plan de saneamiento para superar el déficit financiero de doce millones de euros que tiene el presupuesto.
Este hecho ha marcado el discurrir de todo el año:el Ayuntamiento no ha podido pedir ningún crédito a losbancos porque la ley exige, para los casos de desequilibrio financiero, la elaboración de dicho plan. Así, el Consistorio se ha visto con las manos atadas para avalar determinadas operaciones como las renovaciones de créditos -algunos están costando mil euros al día en intereses al erario público- o la recepción de algunas guaguas, que llegaron a la ciudad hace varios meses pero que no han podido ser puestas en marcha por falta de pago.
Desde entonces, todo ha sido un continuo trastabilleo: el progresivo hundimiento de Guaguas, con una guerra soterrada entre el concejal de Movilidad, Jesús González Dumpiérrez, y el propio Espino, que tensó más de lo razonable la cuerda hasta el punto de tener que ir modificando el presupuesto general del Ayuntamiento mes a mes para poder pagar a los guagüeros; los problemas con funcionarios, laborales, policías y bomberos, que fueron la herencia envenenada que dejó el anterior responsable de Personal, Fernando, a su sucesor, Augusto Hidalgo, quien además ha tenido que desarrollar su labor salvando los obstáculos que le dejaba en el camino Rodolfo Espino para poder materializar los acuerdos; o las crecientes tensiones habidas en las últimas semanas como consecuencia del calendario de actos navideños programados por el Consistorio.
Aquí la ausencia de normalidad ha sido de tamaña dimensión que no sólo ha habido tensiones con lasconcejalas Chani Ruiz y Nardy Barrios -tras adelantarse la primera al encendido oficial de la navidad que le corresponde a la segunda concejala por el área que ostenta-, sino que incluso la portavoz del grupo, Teresa Morales, quedó a los pies de los caballos al recibir y trasladar la información de que el gabinete de prensa externo del árbol de hidrógeno de Ruiz era gratuito, cuando en realidad ha costado 8.000 euros.
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