viernes, 8 de mayo de 2009

Los abusos de Titsa

SI LOS TRABAJADORES de Titsa denuncian la inseguridad del servicio en la Romería de Tegueste, un servidor denuncia, con más contundencia y peor cabreo, la cara de cemento armado de los trabajadores de Titsa que, en torno a las seis de la tarde del día 4 del presente, cojos incluidos, tuvimos que esperar, la mayoría de pie porque éramos muchos, en la parada Buenos Aires-La Salle de las guaguas del Cabildo.
Si el Comité de Empresa de Titsa responsabiliza al Ayuntamiento de Tegueste y a la Subdelegación del Gobierno del caos teguestero, yo culpo exclusivamente de la desconsideración intolerable y abusiva que sufrí, con los demás, en la dilatada espera de la guagua en la tarde del lunes, día 4, estando, como estaban a dichas horas, las vías de circulación sin apenas un coche que llevarse a la vista.

Mencioné a los cojos, porque yo experimentaba una cojera, afortunadamente temporal, sin que ese ni ningún otro detalle, como la espera de personas mayores, moviera el interés del personal de Titsa.

Una vez, no hace mucho, estuve en la misma parada, próxima a la Casa de este periódico, esperando una guagua durante hora y pico, pero sentado en solitario. Era también un día festivo, en que los trabajadores de Titsa no hacen vacaciones, pero casi.

No me extraña que el tranvía, o sea, el Metropolitano, que dice el Cabildo a lo finolis, haya sustraído a Titsa unos cuantos miles de usuarios. Lo haría cualquier empresa de transporte público medianamente seria y responsable cuyos empleados tuvieran consciencia de la importancia de su trabajo.

Cuando escucho y leo que los ciudadanos de Las Palmas se han opuesto a la privatización de parte de la flota de autobuses que pertenecía al ayuntamiento pienso que el público de Tenerife, que está hasta la coronilla de Titsa y sus deplorables servicios, no reaccionaría de esa forma.

Yo recuerdo cuando, hace años, iba a Las Palmas y utilizaba aquel magnífico servicio que llevaban a efecto las llamadas "jardineras guaguas", en comparación a los que en Santa Cruz efectuaban las guaguas de aquella Unión de Autobuses Urbanos, que era una empresa formada por vehículos propiedad de cada uno de los socios, pero que funcionaban bastante mejor que esta Titsa del Cabildo. Y, sinceramente, abogo no por una privatización de Titsa, que vendrían a ser lo mismos perros con distintos collares, sino por el establecimiento de una empresa privada de transportes que entendiera de servicios y de sana competencia.

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