Ponen en marcha una campaña europea para fomentar el uso de este dispositivo de seguridad en el transporte público
No realizar un gesto tan sencillo y efectivo como abrocharse el cinturón de seguridad en un autobús puede salir muy caro. En un accidente, dependiendo de la virulencia del choque, puede costar hasta la vida. Si estos días los agentes de tráfico le detectan sin este dispositivo, el precio será infinitamente más barato, pero de los que hacen replantearse una mala práctica muy habitual pero que puede acarrear consecuencias nefastas. Hasta 200 euros de multa pagarán los viajeros que no se abrochen el cinturón, un montante equivalente a una infracción grave.
La Dirección General de Tráfico (DGT) desarrolla a lo largo de esta semana una campaña especial de vigilancia del transporte de viajeros en autobús, en la que además del uso del cinturón de seguridad, obligatorio en los vehículos matriculados a partir de 2007, controlará el consumo de alcohol y los tiempos de descanso. El dispositivo especial, diseñado por la Organización Internacional de Policías de Tráfico, funcionará de forma simultánea en más de 25 países europeos.
En España, los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil tienen previsto controlar más de 4.000 autobuses, en los que se verificará el uso correcto del cinturón de seguridad y otros sistemas de retención en aquellos autobuses que vayan provistos de estos dispositivos de seguridad.
A pesar de que la mayoría de los accidentes de autobuses se producen en zona urbana, es en carretera donde se registran la mayoría de los fallecidos. De las 1.903 víctimas mortales contabilizadas en las carreteras españolas el año pasado, sólo 18 iban en autobús. Recientes estudios demuestran que llevar el cinturón abrochado reduce el riesgo de sufrir lesiones graves o mortales, especialmente en los vuelcos, el tipo de accidente de autocar más severo.
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