jueves, 23 de octubre de 2014

La movilidad se esconde de noche

Yeray Pacheco nunca llegó a gatear debido a una atrofia espinal congénita. Sin embargo, a Pacheco eso nunca le ha servido de barrera. Cinéfilo y melómano en dosis similares, a pesar de los impedimentos, siempre pasea con su silla allí donde haya un concierto o en una sala de cine.
Pacheco es una personalidad inquieta. Siempre enfrascado en proyectos, ya sea la realización de un cortometraje o recorrer todos los lugares de Las Palmas de Gran Canaria donde haya música en directo para conocer nuevas bandas. Es entonces cuando aparece el obstáculo logístico: la incompatibilidad de horarios con el servicio público de transporte adaptado. «La gente en silla de ruedas no somos gremlins. Salimos a la calle después de la medianoche», expresa con su inseparable sentido del humor.
Este joven grancanario de 29 años, perteneciente a una familia de cuatro hermanos –su otro hermano con esta enfermedad, Jonathan, lamenta con él la inviabiliad de que vayan dos sillas de ruedas en la misma guagua– cuenta con sus allegados para sus expediciones nocturnas. Pero cuando no lo hace, por razones de agenda, se siente indefenso ante el sistema de transporte público. «Si me desplazó a conciertos, por ejemplo en la Plaza de la Música, luego no tengo como volver a casa. El servicio PMR de Guaguas Municipales no opera más allá de las 21.20 horas. Y volver en las líneas normales es una odisea, porque tengo que coger dos líneas para llegar a casa. Tengo una musculatura muy débil, por lo que yo solo no puedo amarrarme. Y los conductores no lo hacen porque dicen que lo tienen prohibido. Tengo que contar siempre con la ayuda de alguien», señala.
Este problema lo comparte con la Fundación del Transporte Adaptado del Cabildo, que tampoco opera por las noches.
Pacheco se ha encontrado de todo en esas odiseas nocturnas. Gente dispuesta siempre a ayudarle, pero también a quien mira para otro lado. Lamenta mucho más el problema con los taxis. «Es muy complicado que haya taxis adaptados que me vengan a buscar por las noches. He contactado con casi todas las licencias preparadas que hay en Las Palmas, solo unas 15 de 1.640, y algunos con mayor o menor amabilidad me dicen que al ser propietarios y estar trabajando desde temprano no van a estar hasta tarde esperándome solo para hacer un servicio urbano», cuenta.

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